La naranja partida

por admin el 09/03/10 a las 10:33 pm

La naranja partida

Dicen los/las entendidos/as que las personas realizan una búsqueda de pareja que se inicia en la adolescencia, con el fin de recobrar la pérdida de seguridad afectiva que tenían de pequeñas y poder expresarla en una comunicación erótica. En resumidas cuentas, que a partir de los 13 años (arriba/abajo) comenzamos a buscar (algunos/as, desesperadamente) una persona con la que tener una relación afectivo-sexual. Todo esto, para suplir de alguna manera la carencia que nos ha dejado el fin del cuidado materno o paterno en nuestra infancia. Para ello utilizamos como recursos la atracción erótica y la resonancia afectiva que nos despiertan determinadas personas mediante un proceso de selección que se produce con el enamoramiento.

El enamoramiento crea el vínculo, las hormonas propias de esta fase hacen de las suyas para que nos desvivamos por la persona amada… pero todo tiene un fin. ¿Qué ocurre cuando la explosión hormonal de los primeros meses termina? ¿Qué hacer cuando comenzamos a ver a la otra persona, no desde la mitificación, sino como realmente es? Si queremos que la relación vaya bien, hay que trabajársela. Para esto es necesario partir de una serie de principios básicos que cada pareja debe desarrollar con el fin de satisfacer sus necesidades sin que la identidad personal se vea perjudicada.

Uno de ellos es el principio de deslinde. Este persigue un equilibrio que se logra cuando los dos miembros de la pareja son conscientes de todo lo que les asemeja y de todo lo que les diferencia. La conciencia de estos dos aspectos genera a su vez dos sentimientos indispensables para la pareja: el amor por aquello que les asemeja y el respeto por aquello que los diferencia.

Cuando en las diferencias hay aspectos que son antagónicos, la pareja establece una comunicación fluida que les permite negociarlos y llegar a acuerdos que superen sus discrepancias. La típica frase que reza “La persona amada llenará todos los aspectos de mi vida” ha causado (y aún lo hace) muchos estragos en nuestra sociedad debido a la imposibilidad de llevar a cabo dicha afirmación. Si somos conscientes de que nadie puede completarnos al cien por cien, no exigiremos, no mitificaremos y por lo tanto, no nos frustraremos.   Disfrutar con alguien, compartir nuestra vida con la persona amada… genial, pero ojo, nosotras/os ya somos naranjas enteras, no nos dejemos engañar.

ACMC

Psicóloga-sexóloga

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